El hecho de que la boca para comer la tengan en la nuca los obliga a almorzar de espaldas a la mesa, sin poder ver lo que comen.
De todas formas, es común que los locósmicos se enchastren la cabeza con polenta o se metan una cucharada de puré de zapallo en la oreja mientras almuerzan. Claro que a estos accidentes no les conceden la menor importancia y hasta llegan a considerarlos gestos de refinamiento y buen gusto.
La naríz de los locósmicos no es hacia afuera, sino que, por decirlo así, se les "mete" en la cara. Los pañuelos que utilizan son como pinceles.
Los brazos de los locósmicos tienen una medida normal, pero si uno de ellos desea intensamente alcanzar algo, se pueden estirar hasta los 10 o 12 metros.
Por último, otra característica curiosa que destacaré de la anatomía del locósmico es que en las manos no le crecen uñas, sino minas de lápices. A excepción del dedo índice de la mano derecha, en el que tienen una punta de bolígrafo, y el pulgar de la izquierda, donde les crece una goma de tinta, los demás dedos tienen minas de diversos colores.
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Locosmos
Lucía B. Soriano
Lucía B. Soriano
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