Ahora (más que nunca) siento cómo los rayos del sol me abrazan y me protegen, me aislan de todo el mal. Se adueñó de mis pensamientos, y de mi corazón, como nadie antes lo había hecho. Veo en sus ojos mi destino, no hay mejor almohada que su torso, sus besos son el antídoto para cualquier enfermedad. Escuchar su voz es como oír una melodía sin fin, que no cansa ni perjudica. Sus palabras me atajan en cada caída, y sirven para toda ocasión. Su luz me hace olvidar de lo que me rodea, me hace inmune al mundo en general. Su compañía parece eterna, sin embargo cuando desaparece me pierdo más que cuando está conmigo.

(En proceso...)


Lucía Belén

No hay comentarios: